P.C.G.







-¿Y esto? -preguntó la señora de la cara embadurnada.
-Vete a saber -contestó su amiga con gesto desinteresado-. Alguna oferta nueva, un invento de laboratorio... qué sé yo. El caso es que tiene buena pinta.
-Sí, y mucho precio también.
-Eso desde luego. Como lo habrán traído de...bueno, de donde sea, que seguramente será muy lejos.
-Pero eso no justifica que quieran engañar a la gente con payasadas -opinó la mujer maquillada en demasía-. Entiendo que hay que vender, pero el cartelito tiene miga...
-Hija, tú lo has dicho: hay que vender. Y aunque estemos en un sitio como éste, la publicidad funciona igual que en cualquier otra parte.
-Si tú lo dices... -Suspiró-. En fin, voy a por lo mío.
-A mí me hace falta lo de siempre, así que hasta luego.
-Lo mismo digo.
Ambas se separaron para satisfacer sus propósitos, mientras una pareja de cierta edad se detenía frente al foco de controversia.
-Fíjate qué cosa más rara -indicó a su mujer el hombre, encanecido y con gafas gruesas-. Nunca había visto algo así.
-¿Crees que será de verdad? -dudó ella en tono aflautado.
Su marido miró en toda direcciones para asegurarse de que nadie les observaba y alargó un dedo para tocar aquello.
-Sí que lo es -dictaminó-.Tiene un tacto muy... no sé, como... -Se encogió débilmente de


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