que también me observaba, volví la vista al cielo cuando explotaba el tercer cohete preliminar.
No sabría explicar cómo sucedió, pero no me cansaría de recalcar la increíble rapidez del proceso. Con una especie de giro velocísimo, las pavesas del artilugio se agruparon en el aire formando las siguientes palabras:

¿A qué viene sentirse
metida en un brete,
ahora que sonó
el tercer cohete?

-¿Has visto eso? -indiqué con asombro a mi amiga tras borrarse la estrofa celeste con idéntica prontitud a la de su aparición.
-Sí, sólo era un cohete de aviso. ¿Qué tenía de especial?
-¡Pero esas letras...
-¿Letras? -Su cara reflejó una intriga total-. ¿Qué letras?
-¡Ésas que... -Comprobé que a mi alrededor nadie había notado nada-. Bueno, déjalo...
Antes de unirme a la observación, constaté que el periodista pelma seguía absorto en mí. Disgustada, giré la cabeza hacia adelante, donde un morterazo elevó al cielo un bulto. Resultó ser una carcasa de estrellas verdes, que antes de extinguirse construyeron nuevas letras:

No querrás que observe
a una vieja de balneario.
¿O acaso tú prefieres un mechero
a estas llamas verdosas de bario?

Aquello era de locos. Sólo daba tiempo a leer muy fugazmente el texto, pero aun así habría debido verlo alguien más. No obstante, nadie mostraba mayor sorpresa que la habitual


2


Ir a página 1