UN DESPILFARRO MÁGICO







-En nombre de El Cocodrilo Carmelo les doy la bienvenida; y ahora brindemos todos con el deseo de una feliz y divertida estancia, cuyo primer plato fuerte de mañana será la Batalla del Agua. ¡Salud!
Como el resto de los presentes, Víctor alzó la copa y bebió aquel cava de ínfima calidad que dos presurosos camareros habían repartido entre los recién llegados, una manada humana dispuesta a apurar un fin de semana en un hotel cualquiera de una masificada localidad turística. La recomendación que le hiciera Enrique, un compañero de trabajo, sonó en su memoria:
-Créeme, contrata una escapadilla con El Cocodrilo Carmelo. Es una agencia que ofrece rutas y estancias igual que las otras, pero con un programa de animación muy superior. Esa gente tira la casa por la ventana, casi te diría que practican un despilfarro mágico.
"No será en champán precisamente", pensó al despachar aquel trago barato.
De camino a su habitación le llegó el eco de un espectáculo nocturno en el bar a cargo de una voz masculina pero de entonación falsamente feminoide, y se cruzó con una mujer en la que halló un cierto parecido con Charlize Theron, su actriz predilecta. Aquel inesperado clon de la bella surafricana le sonrió en el pasillo como si le conociera.
"Eso sí ha sido mágico", se dijo.

Los preparativos de la Batalla del Agua estaban en marcha cuando al mediodía siguiente regresó al hotel tras un chapuzón en la playa. A pie de escena observó cómo se instalaban a ambos extremos de la piscina sendos postes de unos seis metros de altura, rematados por una


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