encontraba una guerra implacable para pisotear al vecino, una lucha sin tregua ni cuartel en la que no había piedad para los vencidos. No sé si me comprendes..."
-Te comprendo. Sigue, por favor.
-Bueno, en mi estado de criatura indefensa sufrí indeciblemente toda clase de miedos y traumas. Incluso en esta quietud no puedo evitar un ápice de temor al recordar la horrible selva que fue para mí el mundo. Ni los juegos me atraían lo más mínimo. Por todas partes había brutalidad, venganza, ambición y sobre todo, egoísmo.
"En cierta ocasión encontré en el desván de mi colegio unas cajas que contenían fichas de varios juegos mezcladas desordenadamente. La curiosidad me hizo revolver entre ellas, y aprovechando la ausencia de mis temidos semejantes me apoderé de una torre blanca de ajedrez. El porqué lo hice no sabría explicarlo; simplemente me gustó su forma. De ella emanaba una voluntad de permanencia que ilusionó mi alma infantil.
"De este modo, aquella pieza se convirtió en un amuleto que conjuraba la hostilidad del ambiente. Mis problemas nerviosos, si bien no desaparecieron, experimentaron una ligera mejoría. Ni los suspensos, ni los abusones, ni la estúpida rigidez del profesorado resultaron tan insoportables como antes.Pero la desgracia pronto habría de resarcirse en mi insignificante persona.
"Un día se organizó una excursión escolar al campo. Yo no quería ir, pero mis padres y profesores, con ese nefasto intervencionismo tan típico de los adultos, convinieron en que sería una experiencia útil para mí, de manera que durante una soleada mañana partí con mis odiosos compañeros y maestros hacia el monte en un gran autobús amarillo. Hasta el mediodía la jornada discurrió con relativa normalidad; algunos chicos cazaban lagartijas, otros se enzarzaron a puñetazos y otro cayó a un charco fangoso entre una carcajada colectiva. Entre tanto, yo me aseguraba a cada momento de que la torre seguía en mi bolsillo.
"Por la tarde nos llevaron a una explanada en la que se celebrarían unas carreras y otras actividades. Yo me sentía cansado, pero prácticamente no había más remedio que participar, así que bebí en abundancia de un manantial cercano y me dispuse a intentar ganar a alguno

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