un instante, porque las cuatro saltaron por la borda al unísono y se zambulleron; y aun así sus cánticos se oyeron todavía durante un buen rato.
"La señora elegante se desmayó del susto, pero lo peor sobrevino mientras la reanimaban: el barco se paró. El hombre rechoncho exigió al patrón que encendiese de nuevo el motor, mas el marino nada pudo hacer, ya que se había quedado sin combustible. Los cantos de las sirenas los distrajeron tanto que navegaron mar adentro en línea recta hasta agotar el depósito. Asustados, intentaron pedir ayuda por la emisora, pero descubrieron que no funcionaba. Y para colmo de males, por el horizonte se avecinaba una tormenta.
"Al poco, divisaron a lo lejos las luces de un pesquero que regresaba a puerto. El patrón me sacó de mi sitio habitual y me sacó a cubierta. Después, sosteniéndome en alto, tiró de mi anilla de seguridad y subí al cielo envuelto en un intenso resplandor rojo que disolvía la oscuridad. Me acercaba a las constelaciones y pensé que pronto las alcanzaría. Pero cuando más lo creí mi relámpago rojo se apagó, y caí al agua en picado hasta llegar a este fondo. Antes de eso pude ver cómo el pesquero se desviaba hacia el yate blanco, de manera que cumplí mi cometido. No echo en falta las constelaciones, porque a poca distancia de mí vive una estrella de mar, y sé que alguna vez los dos subiremos al cielo, que es donde tienen que estar los cohetes y las estrellas."
En esto, un tenedor oxidado se sumó a la conversación.
-Vuestras experiencias son muy poéticas -razonó-. En cambio, la mía es mucho más vulgar. Y sin embargo no me avergüenzo de ella.
"Yo pertenecí a una cubertería que alguien regaló a una señora casada y con muchos hijos; una gran cocinera, se pasaba la vida entre pucheros. Hasta empleaba sus escasos ratos libres en preparar alguna receta nueva.
"Por fatalidad, maldición o algún otro motivo que desconozco, yo nunca quedaba completamente limpio. Mis compañeros salían relucientes del agua jabonosa, pero aquella espuma no obraba en mí ningún efecto. Ya me hubiesen utilizado para pinchar filetes de ternera, merluza a la plancha o patatas fritas, y a pesar de sus fregoteos, jamás conseguían


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